Armando Guedez Rodríguez: ¿Por qué hay que estudiar ajedrez?
Ajedrez

Armando Guedez Rodríguez: ¿Por qué hay que estudiar ajedrez?

Quienes no juegan al ajedrez no entienden muchas veces la razón por la cual debe estudiarse el juego. Su visión es simplista y si estas personas antes han jugado, piensan que un poco de práctica los pondría a muy buen nivel. La realidad es que es una concepción equivocada producto de la ignorancia sobre la complejidad del juego que amamos. Pero ¿por qué hay que estudiar ajedrez? Hay muchas razones para ello.

La primera es que un ajedrecista, por más brillante que sea, se apoya muchas veces gracias a las partidas ilustrativas de los viejos maestros del pasado. Así, podemos entender por qué en la partida Winter-Capablanca, del Congreso de la Victoria, en 1918, muestra el plan equivocado del conductor de las blancas y la maniobra instructiva del genial cubano para hacerse con la ventaja y poco después, con la victoria.

Armando Guedez Rodríguez: ¿Por qué hay que estudiar ajedrez?

Y es que, probablemente todos pensemos que si nos dan el tiempo suficiente, podremos encontrar los planes más sofisticados, elaborados o sutiles que los grandes ajedrecistas nos han mostrado en sus mejores partidas, pero de nuevo aquí, quienes así piensan, se equivocan. La realidad es que si vemos mucho ajedrez, si hacemos muchos ejercicios de táctica, estaremos creando un «catálogo» mental de una serie de posiciones típicas con sus respectivas maniobras, las cuales podremos observar cómo se ejecutaron si al analizar la posición no encontramos cómo resolverla.

Y este bagaje de posiciones nos tiene que dar una ventaja cuando jugamos en una partida. Hay un buen número de posiciones conocidas y de cómo deben tratarse, producto de las neuronas de muchos maestros que enseñaron a tratarlas. Por ejemplo, la partida entre Judit Polgar – Berkes, F., Budapest 2003.

Armando Guedez Rodríguez: ¿Por qué hay que estudiar ajedrez?

La idea de la partida de Judit Polgar (que fue la más brillante del Informador Ajedrecístico en su momento), presupone un bloqueo para evitar que el rival pueda abrir las líneas, en este caso, la columna «h». Gracias a ello, Judit ganó una brillante partida. La pregunta ahora es si esto podría servir de algo. Si se conoce la idea del bloqueo, se podrá ver que es totalmente aplicable.